El Romanticismo, con su tendencia a justificar la violencia en nombre de raíces ancestrales, es responsable de muchos de los males que sufrimos en la actualidad. En contrapartida, podemos citar la democratización de la producción cultural como uno de los efectos positivos que produjo.
En 1960 se estrenó una película morbosa y sensacionalista dirigida por un prestigioso cineasta británico sobre un joven solitario al que gustaba ver a chicas desnudas y luego las asesinaba apuñalándolas. La película no se parecía a nada de lo que se estaba rodando en aquellos años, pero su influencia en el cine de terror y suspense se sigue notando hasta hoy día.
Oh, perdón, ¿he dicho una película? Quería decir 2. Dos películas. Una, titulada Psycho (Psicosis), supuso un gran éxito comercial y de crítica para Alfred Hitchcock. La otra, titulada Peeping Tom (El fotógrafo del pánico), se cargó la carrera de Michael Powell.
Un día descubres fascinad@ tal o cual escritor. O escritora. Y te preguntas por qué no l@ habías leído antes. No porque fuera mujer, claro. Tú no eres machista ni sexista. No porque fuera negro, o negra, porque desde luego que no eres racista. Ni porque fuera gay, porque tu apoyas a muerte los derechos de la comunidad LGTB.
Pero el caso es que no habías leído nada suyo. Al contrario que otros autores más blancos, más masculinos, más heterosexuales y más mediocres, de los que igual has leído todos sus libros, incluido ése que de tan malo da vergüencilla ajena.
Hace unos meses dejé de seguir a The A.V. Club en Facebook porque no paraban de publicar artículos sobre la séptima temporada de Juego de tronos, que yo aún no he visto (es complicado, lo dejamos para otra entrada). En un primer momento pensé que con no leerlos estaba a salvo, pero al cabo de unos días me di cuenta de que hasta los titulares contenían espoilers. Así que tuve que silenciar todo el material del sitio web, al que llevo años siendo adicto.
Echo de menos The A.V. Club. Pero no he vuelto a seguirlo en Facebook, tal es mi terror por espoilers. Lo que me hizo pensar que mi obsesión por éstos estaba un poco fuera de control. Y que no siempre había sido así.
Agnès Varda es una de las cineastas más extraordinarias que existen. Empezó a rodar largometrajes antes que todos los otros muchachos de la Nouvelle Vague, y ha seguido haciéndolo después de que todos ellos lo hayan dejado, bien por causas naturales (principalmente, muerte), bien por agotamiento creativo.
SIMON AND GARFUNKEL, allá por 1966, mucho antes de que dejaran de hablarse por primera vez.
En 1969 el innovador e iconoclasta músico Frank Zappa estaba en una tienda de instrumentos en Nueva York cuando entró un tipo bajito y empapado por la lluvia que caía fuera. «Hola, soy Paul Simon».
John Cassavetes es uno de esos creadores cuya obra provoca reacciones extremas de amor y odio. Una figura carismática del tipo que en la Edad Media habría fundado religiones. O más bien herejías, de las que te hacen acabar tus días en la hoguera.
ORSON WELLES en Heartbreak House(1938), justo después de que alguien le explicase que no hace falta maquillaje para actuar en la radio.
Peter Bogdanovich es lo más parecido a Truffautque ha dado el cine estadounidense, si no en talento o estilo, sí al menos en la transición de crítico apasionado a director de cine de éxito.