Rocky Sharpe

Vaciando una estantería la otra noche, descubrí con sorpresa que soy más fan de Rocky Sharpe and the Replays de lo que creía.

Rocky 4 en los bosquesEntre mis singles de 45 rpm encontré nada menos que cuatro discos de la banda, más un recopilatorio de grandes éxitos con texto interior de Joaquín Luqui. ¡Anunciado en TV! No tengo ni idea de cuándo ni dónde compré estos discos, la verdad.

Las navidades del 80 al 81 mezclan en mi memoria dos cosas: El imperio contraataca y el disco Rock It To Mars! de Rocky Sharpe and the Replays que mi hermana compró… o le regalaron, no estoy seguro. Cuando escucho esas canciones pienso en la película, y viceversa…

Rocky 6 en los bosques
Rocky y su banda se preparan para la llegada de los 80.

¿Tengo que recordar lo horrible que fue esa encrucijada entre dos décadas? En Estados Unidos había ganado las elecciones Ronald Reagan y se hablaba de que uno de sus proyectos favoritos era el desarrollo de la bomba de neutrones, la supuesta bomba nuclear “limpia” que mataba a las personas y dejaba intactos los edificios. Mi yo de diez años tuvo pesadillas durante días a causa de esa descripción que escuchó en la radio. En el Reino Unido el Invierno del Descontento había dado paso al brutal “reinado” de Margaret Thatcher, y las cosas aún seguirían empeorando… antes de empeorar aún más, para las clases trabajadoras, al menos. En España teníamos paro, drogas, bombas de ETA y ruido de sables. Un par de meses más tarde, Tejero asaltaría el Congreso.  Nos quedamos a un Elefante Blanco de acabar como Chile o Argentina.

No sé vosotr@s qué recordáis esa época, si ya habíais nacido, pero durante años yo solo quería montar en el Halcón Milenario y no volver nunca más. O bien escuchar a Rocky Sharpe.

En la ola de la cresta

Rocky Sharpe nació Robert Podsiadly en 1952, un chaval inglés de origen polaco  que acabaría enganchado al duduá y los grupos vocales de una década que él habría sido demasiado pequeño para recordar.  Cuando él tenía 10 años se publicó el primer single de los Beatles, pero quizá el daño ya estaba hecho. Toda su carrera musical la dedicó a esos sonidos cantarines y risueños creados con armonías vocales.

La misma elección del género ya delata la clase social del bueno de Rocky. Desde sus orígenes en los barrios negros de Nueva York, el doo-wop era la opción más barata para que unos chicos humildes pudieran rockandrolear. No hacían falta instrumentos, amplificadores, micrófonos o local de ensayo. Una esquina de una calle1 y las voces de los componentes bastaban para obrar la magia. Si la había. Un mal conjunto vocal suena a coro de gatos. Un conjunto mediocre suena relamido y cansino.

Además, está el handicap del ridículo. La recreación de sonidos de instrumentos, combinado con las onomatopeyas absurdas que dan nombre al estilo pueden ser inintencionadamente cómicas. En los cincuenta las baladas románticas a varias voces eran consumidas como si tal cosa. Pasada esa década, sin embargo, las melodías interpretadas “en serio” podían sonar a mazapán untado en almíbar. Casi todos los artistas posteriores han adoptado un cierto “distanciamiento brechtiano” de su material, transmitido en un tono decididamente tongue in cheek, que dirían los anglosajones. En eso el personaje escénico de Rocky Sharpe no es diferente.

Su primer proyecto fue un grupo llamado Rocky Sharpe and the Razors, con el que llegó a grabar un disco, pero que nunca logró traducir a ventas el impacto de sus directos en pubs de Brighton y Londres. Según la wikipedia hubo algún tipo de cisma rockandrolligioso dentro del colectivo, que se dividió en dos bandas. Rocky formó los Replays con su hermano Johnny, y los otros se convirtieron en los Darts, otra banda de rock’n’roll revival con un perfil algo más áspero.

Rocky y su nueva banda ficharon por Chiswick Records, un sello independiente que se había especializado en punk y grupos más aguerridos como Motörhead o The Meteors, pero que halló en la banda de doo wop uno de los mayores vendedores del catálogo.

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Entrada para ver a Motörhead en el concierto de celebración de su 25 aniversario, en octubre de 2000. “No standing permitted”.

Que Rocky Sharpe se codeara con grupos punk de primera hora como The Damned o Johnny Moped es menos bizarro de lo que podría parecer.

Hay un árbol genealógico en Inglaterra que va del Skiffle de los cincuenta al revival rockabilly de los 70 y 80, pasando por los Teddy Boys, los primeros Beatles y las peleas de Mods y Rockers de los sesenta. Ya he hablado del descubrimiento de la nostalgia en la cultura popular de los 70, pero para mucha gente allí el rock and roll primigenio era una especie de presente eterno, como dijo aquél del arte de la edad de piedra. La modernidad iba por barrios, y en grandes bolsas del Reino Unido el calendario del pop se quedó atascado en 1956.

Tal como cuenta la monumental England’s Dreaming de Jon Savage, una de las raíces del movimiento punk británico era el deseo por parte de Malcolm McClaren de monetizar la energía juvenil de los Teddy Boys que frecuentaban su tienda de ropa. Los Teddys eran un fenómeno proletario, anti-intelectual y más bien conservador, lo que empujó a McClaren y otros a cortejar otros elementos más progresivos y abiertos a nuevas experiencias de consumo entre las subculturas juveniles que acabaron confluyendo en el punk.

Sin embargo, como reacción a la progresiva sofisticación y comercialización de la música pop y rock que se vivía en los primeros setenta, los grupos que intentaban revivir el rock primitivo, con sus letras adolescentes y sus cambios de acordes sencillos, estaban muy cerca de la sensibilidad punk. Ciertamente, las armonías vocales implicaban un proceso de aprendizaje y ensayo que chocaba con el ethos punk de hacer música sin necesidad de saber tocar o cantar. Tocar bien o cantar bonito era más bien sospechoso en la era punk, pero por otro lado la canción con la que se foguearon infinidad de bandas punk o protopunk de esos años es, a fin de cuentas, el tema más primario de rock and roll de todos los tiempos:

Na-na-na

Na-na

Na-na-na

Na-na

Na-na-na

(Repetir hasta la extenuación)

Grupos como Showaddywaddy, Crazy Cavan and the Rhythm Rockers, Matchbox, The Darts o los propios Rocky Sharpe and the Replays eran anomalías, vías muertas en la evolución del pop rock anglosajón. No encajaban en las estrategias de las grandes casas discográficas ni en idearios de los críticos musicales. Los artistas, a menudo criaturas que abrazaban con pasión una estética pretérita y se negaban a moverse en una u otra dirección, por más que eso hiciera de sus perspectivas comerciales una nota a pie de página en el libro de la nada, eran a su manera tan marginales como las bandas punk que escandalizaban a la sociedad con sus letras.

Además, este otro tipo de outsiders tenía una ventaja sobre lo que podríamos llamar “el punk mainstream”: sus canciones se podían bailar . Como recuerda la periodista del Guardian Suzanne Moore hablando del desaparecido Pete Shelley de los Buzzcocks, “fui a montones de conciertos [punk] en los que no pasaba gran cosa en el escenario, aparte de pavos gritando “fuck off” en distintas alineaciones, con el añadido de un poco de violencia entre el público. Si quería bailar (y yo quería),  iba a fiestas de blues en Brixton”.

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Punks alemanes pasándolo pipa en un concierto, hacia 1994. Las chicas esperan que suene algo más bailable.

Hay una vertiente en el punk de crítica al sistema y reivindicación del activismo social. Y al  mismo tiempo hay una rama que solo quiere dar botes, ponerse ciego y pasarlo bien, como cuando tienes quince años y el lunes hay que volver a clase. Y si vives bajo la amenaza de una bomba que te va a matar a ti y a toda la gente que quieres pero va a dejar intacto el bloque de pisos de mierda donde vives… ¿quién dice que dar saltos y pasarlo bien es la reacción incorrecta?

Buen ojo para los negocios

Una de las primeras cosas que llaman la atención de Rocky Sharpe es que apenas hay fotos de él sin esas gafas de sol estilizadas que le daban un aire retrofuturista. El negocio de la música popular siempre ha sido implacable con el aspecto físico de los intérpretes. En algún momento de sus inicios alguien decidió que el bueno de Rocky no era lo bastante agraciado para “dar la cara”. Resulta doloroso ver un vídeo de una de sus actuaciones con Rocky Sharpe and the Razors, en la que los realizadores de la LWT realizaron un trabajo de montaje propio de Eisenstein para no tener que mostrar mucho rato en primer plano el careto de Rocky.

Rocky 3 en los bosques
Rocky al desnudo en la portada de su primer single en España.

Fuck you, realizadores de televisión. Aunque Rocky rio el último, la vez que actuaron en Top of the Pops y en medio de la canción se llevó la mano a las gafas y se las quitó…. ¡solo para revelar un SEGUNDO par de gafas de sol debajo!

Larguirucho, dentudo y con los ojos más juntos de lo necesario, Rocky estaba lejos del modelo estético de su compatriota Cary Grant. Por suerte, para compensar le sobraba carisma, y una buena voz que alcanzaba sin esfuerzo agudos estratosféricos.

Parte de su encanto está en su incapacidad para tomarse en serio a sí mismo: Su repertorio consistía en rescates de grupos vocales y artistas de los cincuenta, una era donde la imagen sana y glamurosa seguía siendo esencial para cortejar al público. Rocky Sharpe, en cambio… bueno, nunca iba a ser confundido con un ídolo de quinceañeras, eso está claro. Ahí lo tenéis, un adulto ganándose la vida contorsionándose mientras canta cancioncitas de “me quiere no me quiere”, y en plena era del punk y la nueva ola, nada menos.

Podemos imaginar los comienzos de Robert en su Brighton de origen como el payasito del barrio, dando la nota en el recreo y al salir de clase, inventándose coreografías chistosas. Las gafas de Rocky Sharpe son como el vestuario de los cómicos del cine mudo: un elemento que empujaba su imagen al terreno del dibujo animado o el clown, y le volvía icónico.

Rocky 5 en los bosques
¿Le compraríais un coche de segunda mano a este hombre? Tal vez no, pero, ¿tiene este hombre cara de aburrirse en una fiesta? ¿A que no?

El resto del grupo era tan inusual como el propio Rocky. Su hermano Jan Podsiadly, rebautizado Johnny Stud, era el machote de la banda. Helen Blizard, una actriz de formación clásica, se convirtió en Helen Highwater (haha Hell-and-high-water wink wink), y aportó al grupo unos agudos aún más espectaculares que los de Rocky y, con su look de chica buena/mala a lo Peggy Olson, un sex appeal similar al que se decía que Ginger Rogers otorgaba a Fred Astaire. Y por fin estaba Eric Rondo, el más sorprendente de los cuatro.

Eric era en realidad Mike Vernon, un productor de lujo que había dejado su impronta en el rhythm and blues británico de los sesenta grabando discos de artistas como John Mayall y sus Bluesbreakers, Ten Years After, los Fleetwood Mac de Peter Green, Dr. Feelgood y muchísimos otros, incluido un David Bowie pre-Space Oddity. La evolución de las carreras en el pop rock es que uno prueba suerte como artista, y más adelante haces la transición a la silla del productor. Vernon hizo el recorrido contrario: Entró en escena en la parte técnica de las grabaciones de los Replays, y de algún modo acabó cortándose el pelo a lo rockabilly, poniéndose unas gafas de sol y cantando y haciendo coreografías pavas con el resto de la pandilla. Como si George Martin después de acabar con los Beatles se hubiera unido a los Devo para actuar en directo… ¿Por qué haría una cosa así un productor serio y respetado, sin nada que demostrar a esas alturas?

Pues supongo que por la misma razón que hacemos algunas de las mejores cosas en nuestras vidas: por diversión.2

Rocky 7 en los bosques
De izquierda a derecha: Mike Vernon, Helen Blizard, Jan Podsiadly, Robert Podsiadly, todos pasándolo fatal posando para las fotos…

Rocky Sharpe and the Replays nunca la petaron a lo grande ni en su país de origen ni en Estados Unidos, donde se corta el bacalao. Rama Lama Ding Dong, la canción por la que siempre serán conocidos, solo llegó al número 17 en las listas de éxitos británicas. El hecho de que no generaran su propio material salvo algún tema testimonial escrito por la banda los condenaba desde el minuto uno a ser artistas efímeros, de los que acaban engrosando los circuitos de nostalgia.

Donde sí triunfaron fue en países satélites del imperio pop anglosajón: Holanda, Alemania… En España llegaron a tener un par de números 1. Actuaron varias veces en Aplauso, y hasta en alguna gala de nochevieja. ¿Por qué tanto éxito? Ni idea. Que yo sepa, nunca llegaron a actuar en directo por aquí. Quizá tuvo que ver con que aquí las modas llegaban varios años después que en su lugar de origen, y el éxito de la película Grease había desencadenado por las discotecas una epidemia de travoltas con tupés años cincuenta y peines en el bolsillo de los vaqueros.

Y, por supuesto, las canciones eran divertidas para bailar y hacer el tonto. A día de hoy Rama Lama Ding Dong sigue sonando a las tantas de la mañana en fiestas y verbenas, cuando el DJ ya no sabe qué pinchar para que la gente siga dando saltos. No tienes que saber inglés para cantar a coro la canción.

Es una lástima que los únicos vídeos de la banda que se puede encontrar en youtube sean playbacks más o menos horribles en programas de televisión horteras. Una buena grabación de un directo de Rocky Sharpe and the Replays tendría que valer su precio en oro.

Stop please Stop

Buscando en la wiki descubrí que a Robert Podsiadly le diagnosticaron esclerosis múltiple a finales de los ochenta, y tuvo que retirarse del mundo del espectáculo. La enfermedad le dejó en silla de ruedas y desde hace unos años vive en una residencia donde atienden sus necesidades especiales. Tengo entendido que ya le cuesta hasta hablar. Y si le volvéis a ver bailando y haciendo muecas en uno de esos vídeos y no os rompe el corazón saberlo, pues no sé qué más puedo decir. La vida no cree en los finales felices.

Rocky Sharpe y los Replays hacían música tonta para salir de fiesta y bailar. Las melodías son bonitas y las grabaciones excelentes, pero  realmente no hay mucho más que añadir sobre ellas. Si escucharlas me emociona es porque las oí por primera vez con apenas diez años, y recuperar esos sonidos es una mezcla de mantita reconfortante a lo Linus y memento mori que te restriega en los morros el implacable paso del tiempo.

Quizá sea la cercanía de las navidades, después de todo. Nunca podré volver al piso donde sonó por primera vez ese disco, allá por las navidades de 1980, lo cual no me preocupa en absoluto los trescientos sesenta y cuatro días restantes del años.

Escuchando “Imagination” o  “A Teenager in Love” me siento como el narrador en esa canción de Kings of Convenience, que no puede parar de escuchar viejos vinilos que ha encontrado en una caja en la tienda de discos donde trabaja, y su jefe le echa la bronca y amenaza con echarle por descuidar las ventas, pero no puede dejar de poner los discos, porque echa de menos echar de menos un lugar que ya no existe.


NOTAS:

1 Inevitablemente, en las complicadas relaciones raciales de los Estados Unidos, nada es “simplemente música”. Martha Reeves, de Martha and the Vandelas, recuerda su adolescencia en Detroit: “No podíamos ponernos en una esquina y cantar (…) porque había una unidad de policía llamada The Big Four (el gran cuatro, o los cuatro grandes). Normalmente eran cuatro blancos enormes, con porras y pistolas. Y si pillaban a un grupo de gente negra de pie en una esquina cantando doo wop… saltaban del coche y te atacaban, te detenían, o te perseguían hasta tu casa, porque no querían que los negros se reunieran.”
2Estoy adivinando aquí, pero quizá el nuevo panorama del punk y New Wave y el declive de las bandas de blues empujaron a Vernon a probar algo diferente…

Para que no os vayáis todo de bajón, añadiré que el resto de la banda no ha tenido vidas tan trágicas como la de Rocky. Helen Blizard recuperó su apellido real e inició una carrera como actriz y guionista en la televisión británica que sigue hasta nuestros días.

Mike Vernon volvió a lo suyo, a producir discos, y siguió así hasta el año 2000, cuando se hartó del giro que estaba tomando la industria musical y se mudó al sur de España para vivir lejos del mundanal ruido. Por supuesto, el mundanal ruido le siguió los pasos, y Vernon ha seguido produciendo esporádicamente discos de artistas de blues.

Jan Podsiadly, el hermano de Rocky, desarrolló una carrera como fotógrafo de moda y responsable de comunicación de una empresa de máquinas expendedoras. Ha escrito notas para reediciones de sus discos y se mantiene activo en las redes sociales. No hace mucho estuvo en España como invitado de un grupo de duduá catalán llamado The Velvet Candles para un concierto homenaje. Estuvo simpático y transmitió al público un saludo de Rocky. Jan no tiene ni de lejos la voz de su hermano, pero físicamente se conserva bien. Algo de lo que nos alegramos enormemente.

Las fotos de arriba las tomé en la sala de mi casa. Los derechos de las imágenes que aparecen en los discos pertenecen a los artistas, fotógrafos y/o discográficas que los editaron y las presento aquí a modo exclusivamente ilustrativo. Lo mismo con los enlaces a vídeos de youtube de sus temas.

Las fotos de los punks alemanes y de la entrada de Motörhead las he tomado de Wikipedia, y tienen licencias Creative Commons. La foto de la entrada es obra de un usuario de Wiki que se hace llamar Alf. Doy por hecho que no viene de Melmack, aunque nunca se sabe. La foto de los punks es obra de Andreas Bohnenstengel

En las caras B de sus singles Rocky y sus muchach@s solían grabar temas propios, más o menos olvidables. Éste de aquí abajo aparecía en su segundo álbum, Rock It To Mars, y como pastiche de “Mystery Train” tiene su gracia. Además mezcla dos pasiones de la clase obrera británica de su época: el rock’n’roll de los 50 y el trainspotting.

Bonus Track

Pensando en grupos vocales de los setenta ochenta me hizo recordar a unos tipos aún más excéntricos que los Replays. Los Flying Pickets no eran un grupo revival, sino un combo que hacía pop a cappella, normalmente versiones de éxitos contemporáneos. Al contrario que la banda de Rocky Sharpe, los Pickets nunca se llegaron a separar, y han seguido funcionando hasta la actualidad gracias a un constante trasiego de componentes.

A pesar de la longevidad solo son recordados por un único tema con el que la petaron en 1983. Tal como explicaba más arriba de otros conjuntos vocales, las canciones de los Flying Pickets eran siempre presentadas con un punto de distanciamiento irónico. Lo cual no impidió que Wong Kar Wai utilizara su tema para el final de uno de los films más románticos de su carrera.

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