Nadie hablará de nosotras

Antaño había un tipo de cinéfilos que coleccionaba datos, fechas y nombres en su cerebro sobre sus películas favoritas, que procedían a sacar a colación cuando fuese necesario, normalmente en una discusión con algún otro cinéfilo.

Podía ser el año de producción de una película, el director de fotografía de otra, el año en que aquélla fue estrenada en España, o la duración  en minutos y segundos de la versión descubierta en Buenos Aires de tal o cual joya del cine mudo. Los verdaderos virtuosos podían cruzar datos, como por ejemplo en qué película bailaron juntos Fred Astaire y Gene Kelly (Ziegfeld Follies, 1945), en qué película de Howard Hawks era director de foto Christian Nyby (en ninguna: Nyby era montador. Montó Tener y no tener, El sueño eterno, Río rojo y Río de Sangre) o cuántas películas hicieron juntos Werner Herzog y Klaus Kinski (cinco).

Y así hasta donde la memoria y la obsesión les llevara.

Hoy en día, esas exhibiciones no tienen mucho sentido, cuando un Smartphone en el bolsillo y una búsqueda rápida en imdb puede resolver las dudas más abstrusas que uno pueda imaginar.

No tenemos que recordar los teléfonos de nadie. No tenemos que recordar los cumpleaños de nuestr@s amig@s: Facebook lo hace por nosotros. No tenemos que recordar dónde estaba esa tienda de telas que nos vino tan bien la última vez: google maps nos chiva su posición. No tenemos que recordar en qué año murió Nino Bravo, cuándo se publicó Anna Karenina o quién era el protagonista de aquella serie de los ochenta que tanto nos gustaba y que nunca volvimos a ver: la Wikipedia contesta a todas nuestras posibles dudas, al instante y, salvo excepciones, con rigor. No tenemos que recordar nada. Y como “no tenemos”, no recordamos. Nada.

Lo cual admito que me fastidia. Nunca he gozado de una gran memoria, en general, y con el tiempo eso solo puede empeorar. Por eso desde hace unos años uso páginas de juegos tipo trivia en internet para consignar a la memoria datos absolutamente inútiles en el día a día, pero que me producen satisfacción. Y una de esas listas de datos inútiles que he logrado memorizar es la de las ganadoras del Oscar a la Mejor película.  Desde Wings a The Shape of Water.

El premio antes conocido como  “And the winner is…”

Adelanto que soy de la misma opinión de cuantos creen que ganar un Oscar no significa gran cosa, desde un punto de vista artístico. No garantiza en ningún caso que una película sea buena. Es más, poner a competir películas como si fueran caballos de carreras me repugna, porque son decisiones subjetivas que nada tienen que ver con la calidad de la película. Una película solo puede compararse consigo misma. Si produce el efecto estético o emocional que buscaban sus creadores, la película es un éxito. Si no, pues no. Tener el Oscar no vuelve a Crash una mejor película, como no tenerlo no reduce el mérito de Brokeback Mountain. Los premios, y más aún premios gremiales y corporativos como son los oscars están sometidos a todo tipo de condicionantes, de los que quizá el que menos peso tiene es si la película es realmente buena o no.

Dicho esto, con la suficiente perspectiva, los Oscars son como una muestra casi al azar de lo que se producía en tal o cual época en Estados Unidos, casi como una de esas catas de tierra que toman los arqueólogos para datar y evaluar los diferentes periodos históricos de un determinado yacimiento. No son cien por cien fiables, cierto, pero tampoco son inútiles. La historia de los Oscars se suele describir como una larga sucesión de injusticias, en ocasiones flagrantes, donde películas mediocres acumulaban estatuillas mientras obras maestras se iban de vacío. Pero esa crónica negra olvida que hay clásicos indiscutibles en los corazones de la cinefilia que sí fueron recompensados: Casablanca ganó el Oscar a la mejor película en su año, como también lo hicieron Eva al desnudo, El apartamento o El Padrino partes I y II.

Los mismos creadores de los Oscars eran conscientes de la eterna contradicción entre espectáculo y arte en el seno de Hollywood, como demuestra que en la primera ceremonia dividieran el premio principal en dos: Outstanding Picture (película excepcional) y Unique and Artistic Picture (Película única y artística). Que sabían de lo que hablaban lo demuestra que el premio a la película excepcional se lo dieron a Wings, cuyas escenas de combate aéreo siguen impresionando hoy día, pero el premio a película única y artística lo ganó Sunrise, de Murnau, que está en todas las historias del cine como uno de los grandes hitos artísticos del cine mudo. 459px-Sunrise_vintage

Sin embargo, los organizadores de los Oscars debieron ver que se estaban metiendo en un avispero y recularon en seguida. Eliminaron el premio a lo artístico y dejaron solo el de película excepcional, que unos años más tarde simplificaron a Mejor Película. Y para que no quedara duda sobre qué tipo de película querían ver ganar, retroactivamente degradaron a Sunrise y decidieron que la ganadora absoluta de la primera edición de los Oscars había sido Wings.

Algunas películas cuya calidad es discutible se antojan imprescindibles para comprender la época en que fueron realizadas. Mrs Miniver fue una película de propaganda dirigida desde el minuto uno a fomentar la empatía del público estadounidense con la población británica, que a la sazón eran la única democracia occidental que seguía en lucha con Hitler en Europa.  La ley del silencio, por su parte, sigue siendo hoy una buena introducción a la caza de brujas de Hollywood, y a la mala conciencia que persiguió a aquellos cineastas que se avinieron a colaborar con el McCarthismo. Y en fin, En el calor de la noche con todo lo ingenua que pueda ser la relación entre el policía de pueblo racista y el detective de ciudad negro, trata un tema por desgracia de rabiosa actualidad, y la escena del invernadero donde el cacique local abofetea a Sydney Poitier y éste le devuelve la bofetada no ha perdido nada de fuerza con los años. Daría cualquier cosa por ver al señor Tibbs devolver bofetadas todo el día a Donald Trump, y sus secuaces nazis con las antorchas tikis.

Desde la primera ceremonia de los oscars a la del año pasado que consagró a Guillermo del Toro se ha premiado ya a 90 películas. Casi un siglo de cine de Hollywood, y el peso de los años se nota sobre todo en la franja de los primeros títulos premiados, que han envejecido de forma dispar. Éstas son las primeras diez películas que ganaron el Oscar principal:

Wings (Alas) (1927-1928)

The Broadway Melody (La melodía de Broadway)(1928-1929)

All Quiet on The Western Front (Sin novedad en el frente)(1929-1930)

Cimarron (1931)

Grand Hotel (1932)

Cavalcade (Cabalgata)(1933)

It Happened one Night (Sucedió una noche) (1934)

Mutiny on the Bounty (Rebelión a bordo) (1935)

The Great Ziegfeld (1936)

The Life of Emile Zola (1937)

Si nos fijamos atentamente en la clase de películas que ganaba en aquellos años descubriremos tendencias que han seguido hasta nuestros días. La presencia de un western puede confundirnos, pero lo cierto es que, a pesar de su ubicuidad en las carteleras durante las primeras décadas de Hollywood, la Academia ha premiado con la estatuilla principal en muy contadas ocasiones a películas del oeste. (Lo que el viento se llevó NO es un western, aunque transcurra en el mismo periodo). Hubo que esperar a Bailando con lobos, cuando los westerns eran una rareza, para que otro ganara un Oscar a la mejor película.

Así pues, ¿qué películas ganaban el Oscar principal? Pues dramas de época, melodramas, biopics, aventuras ambientadas en lugares exóticos, cine de gran espectáculo con repartos plagados de estrellas. En general, películas muy comerciales que además presumían de alguna conexión con la cultura escrita a través de adaptaciones de novelas de éxito. Hoy en día resulta improbable que una película basada en una novela de Ken Follett o Dan Brown ganara el Oscar. En aquellos primeros años, sin embargo, Hollywood no le hacía ascos a los best-sellers orientados a un mercado lo más amplio posible.

Hola a todo eso (de la primera guerra)

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¿No eran bonitos los posters de aquella época?

De los tres primeros títulos galardonados, dos corresponden a historias sobre la primera guerra mundial, algo también comprensible, puesto que apenas hacía diez años que el conflicto había terminado. Wings es un melodrama sobre dos amigos que van a la guerra y uno acaba matando al otro por un caso de confusión de identidad. El mensaje es antiguerra, en la línea de la ola de obras literarias creadas por veteranos que denunciaban el sinsentido de la guerra, y que arrancó con fuerza a partir de 1928.

Sin novedad en el frente es la adaptación de una de esas obras, quizá la más famosa de todas por su elocuente mensaje pacifista, que logró trascender la animosidad entre los bandos enfrentados: la novela de Remarque fue celebrada tanto en Alemania como en los países que lucharon contra ella, y los veteranos y sus familias sintieron como suya la tragedia del joven soldado alemán. Es así que la película, durante décadas el film antibélico más famoso del cine estadounidense está contada con simpatía y sentimiento desde el bando contrario. 1

All_Quiet_on_the_Western_Front_(1930_film)_poster

Sin novedad en el frente es también un clásico de este periodo en que convivía el cine mudo y sonoro, a veces en una misma película. Es memorable el final, que mejora el de la novela, cuando la pasión del soldado protagonista por las mariposas es lo que provoca su muerte. Ese momento de pathos visual emparenta el film con algunos de los poemas más famosos surgidos de esa guerra, que solían emparejar la belleza frágil de la naturaleza con la muerte atroz que acechaba cada instante en las trincheras.

The Broadway Melody y Cimarron son películas que no he visto. Por los clips que uno puede encontrar de la primera en youtube, deduzco que es uno de los primeros musicales que intentó seguir la senda de El cantor de Jazz de Al Jolson, con una trama romántica como excusa para presentar una serie de éxitos musicales de la época. Hoy en día su mayor interés para mi gusto reside en la influencia que tuvo ese repertorio compuesto por Arthur Freed en Cantando bajo la lluvia.

Cimarron es una adaptación de una novela de éxito de Edna Ferber, otra escritora que lo fue todo en Hollywood y hoy nadie recuerda fuera de Estados Unidos. y tuvo un soso remake en los años 50 protagonizado por Glenn Ford y Maria Schell. Su gancho comercial es la espectacular escena de la carrera de los colonos por la llanura de Oklahoma para asegurarse el mejor pedazo de tierra cuando el gobierno estadounidense abrió el territorio a la colonización. Cimarron_(1931_film)_poster

Por supuesto, la visión de ese acontecimiento, íntimamente conectado con el expolio y el asesinato de los miles de nativos americanos que solían vivir en esas tierras, es enteramente positiva, incluso entusiasta. Suma a eso la caracterización grotesca y paternalista de los personajes negros, relegados como siempre a papeles de servicio doméstico, y tienes una película imposible de recuperar para nuestros días.

Cavalcade es una adaptación de una obra teatral de Noël Coward y cuenta varias décadas de la vida de una familia aristocrática en Inglaterra. La puesta en escena es tan estática y los diálogos tan teatrales, que la película recuerda a las series británicas de los 70, como Upstairs, Downstairs, de la que es un lejano ancestro. El melodrama reúne todos los tópicos imaginables sobre las relaciones entre una familia de clase alta británica y su servicio, que de alguna manera Julian Fellowes ha conseguido revitalizar en Downton Abbey. Los señores de la casa son amables, orgullosos, bienintencionados y estoicos. Los criados son cómicos, de buen corazón, y adoran a sus señores. Zzzz  Aun así, en una historia que trata del impacto de la guerra y la paz en las vidas de personas de distintas clases, es imposible no encontrar emoción en algunas escenas, más allá de la calidad estética del film.

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En esta película Greta Garbo pronuncia su frase talismán: “Quiero estar sola”. Y viendo las caras de muermo de todos los demás personajes, es muy comprensible…

Grand Hotel fue uno de los grandes éxitos de su época, la primera superproducción donde la  MGM exhibía su músculo con un reparto que reunía a muchas de las grandes estrellas de la época: Wallace Beery, John Barrymore, Lionel Barrymore, Joan Crawford y, la reina indiscutible entonces, Greta Garbo. El guion estaba basado en un éxito de Broadway, a su vez adaptado de una novela de Vicki Baum, una escritora austriaca de best sellers que vio hasta 10 de sus novelas adaptadas en Hollywood y cuya vida, a juzgar por Wikipedia, parece más interesante que las cosas que escribía. Baum fue la primera a la que se le ocurrió reunir las distintas historias que podían suceder en un hotel y presentarlas en una misma historia. Algo que a todos los guionistas primerizos se les ha ocurrido en algún momento y han pensado que era una idea de lo más original.

La Wikipedia destaca que Grand Hotel es la única película en la historia de los Oscars que ganó el premio gordo sin haber sido candidata a ninguna otra estatuilla. En otras palabras, como quiera que se elaborasen entonces las candidaturas, se pensó que otras películas habían sido mejor dirigidas, escritas, protagonizadas, decoradas, fotografiadas, etc que ésta, pero a pesar de todo, ésta era la mejor.

Quién se lleva los Oscars siempre ha sido algo sospechoso, y más aún en la era de los grandes estudios, donde los contratos leoninos sin duda implicaban que los respectivos empleados de los grandes estudios votaban en masa a sus propias creaciones.  Y ya en los años 30 el estudio más grande era la Metro Goldwyn Mayer. 4 de los diez primeros títulos premiados pertenecían a esta productora. Los premios de esta primera década están sospechosamente repartidos entre los principales estudios: un año la Paramount, otro la MGM, el siguiente la Universal, luego la RKO… Uno sospecha que en 1932 le tocaba de nuevo a la MGM, y Grand Hotel tenía que ganar la estatuilla sí o sí.

Clark_Gable_and_Claudette_Colbert_in_It_Happened_One_Night_film_trailer.jpgSucedió una noche destaca entre las demás por ser un clásico indiscutible, probablemente la que mejor ha envejecido de todas. Vista hoy en día sigue siendo divertida, quizá porque es la que más se acerca a la realidad de su época. Cierto, es una fantasía escapista en la que una joven y guapa heredera se acaba enamorando de un joven y guapo periodista sin blanca, pero la pobreza que los rodea, la incomodidad de viajar largas distancias en bus y no saber quién va a pagar tu próxima comida, por mucho que la suavice el tratamiento hollywoodiense, sigue resultando creíble. Su importancia en el imaginario de Hollywood es enorme: Lanzó las carreras de Frank Capra y Robert Riskin, es el modelo de todas las comedias románticas que Hollywood ha hecho desde entonces; supuestamente arruinó a los fabricantes de camisetas interiores por la escena en que Gable se quitaba la camisa y revelaba no llevar una debajo (Marlon Brando provocó el efecto contrario veinte años después en Un tranvía llamado deseo) y supuestamente inspiró la creación de Bugs Bunny en la otra escena en que Gable come con hambre unas zanahorias.

 

 

 

 

Sucedió una noche es la única comedia genuina que haya ganado el Oscar hasta el día de hoy. ¿Por qué hizo la Academia, que siempre ha mirado con desprecio esnob al género, una excepción en aquel año? Solo se me ocurre pensar que, en 1932, en lo más crudo de la Gran Depresión, hacer reír a la gente tiene que haber parecido un milagro del cielo.

Rebelión a bordo fue otra superproducción de la MGM, dirigida curiosamente por el olvidado Frank Lloyd, el mismo director de Cavalcade. Basada en un best seller, la película supuso el arranque de la moda de películas de aventuras en el mar que dominarían la década, y en las que Errol Flynn fue el rey indiscutible. Clark Gable repetía como protagonista de la película ganadora del año, y Charles Laughton, con ayuda de unas cejas postizas, componía uno de esos ogros carismáticos que jalonan su filmografía.

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Charles Laughton dejando que las cejas lleven el peso de la actuación, como dicen en el argot del teatro…

La película está basada en un incidente real sucedido en un barco británico a finales del siglo XVIII, que fascinó a Hollywood a lo largo de todo el siglo XX, porque cada dos o tres décadas ha vuelto a rodar la misma historia, en una clara ley de rendimientos decrecientes. El patrón de la historia es presentar al capitán de la Bounty, William Bligh, como un tirano megalómano, contra el que inevitablemente tuvo que rebelarse su segundo de a bordo, Fletcher Christian. La versión histórica, como suele suceder, es más complicada que todo eso.

Se supone que Bligh era un capitán decente, aunque esto en los crueles estándares de la Royal Navy quizá no era decir mucho, y el motín tuvo mucho que ver con que la tripulación había flipado con lo bien que se vivía en las islas del Pacífico, y no estaba muy por la labor de volver a su dieta de limones, galletas secas y latigazos al servicio del rey Jorge. Más extraordinario que el motín en sí es el hecho de que el capitán Bligh y los hombres que permanecieron fieles a su mando lograron volver a Inglaterra al conducir la chalupa donde les dejaron los amotinados desde el centro del océano Pacífico hasta Kupang, en Indonesia, en un viaje de unos 6500 kilómetros durante el que ningún hombre a su cargo murió. No está mal para el temible capitán Bligh.

La versiones de Hollywood rara vez dedican mucho tiempo a esa parte de la historia. 2

The Great Ziegfeld es otro musical de la MGM. Sigue los mismos pasos que The Broadway Melody, pero en apenas siete años el género casi ha alcanzado la madurez, a base de inyectar dinero en los decorados, el vestuario, los arreglos orquestales, las coreografías y, sí, bueno, también el reparto. The Broadway Melody era un musical sin estrellas, al menos estrellas que hayan perdurado más allá de la década en la que se rodó. The Great Ziegfeld está protagonizado por William Powell y Mirna Loy en la cima de su popularidad y química como pareja en la pantalla. Además aparecen Luise Reiner, que ganó el Oscar a la mejor actriz,  y los cómicos Fanny Brice, Frank Morgan y el bailarín Ray Bolger, que unos años más tarde haría inmortal su personaje del Espantapájaros en El mago de Oz.

 

 

 

Si os digo la verdad, no entiendo qué pasa en esta escena.

A pesar de ser el único musical de la década en ganar un Oscar a la mejor película, The Great Ziegfeld  está muy abajo en la lista de los grandes musicales del Hollywood clásico, por una razón obvia: No sale ninguno de los pesos pesados como Fred Astaire, Gene Kelly, Eleanor Powell o Ann Miller, y la puesta en escena sigue demasiado apegada al modelo teatral, con números intercalados en la trama más o menos romántica o cómica, en los que la cámara busca detalles en la puesta en escena pero sigue a grandes rasgos situada en el lugar que ocuparía el público de un teatro.

Florenz Ziegfeld había sido un empresario de Broadway real, y la película pretendía trasplantar a la gran pantalla las grandes producciones típicas de Ziegfeld, llenas de chicas guapas enseñando las piernas y bailarines vestidos de frac y sombrero de copa. Él a su vez había copiado el modelo de los espectáculos del cabaret Folies Bergère de París, y había procedido a hacerlo más grande, más caro y más extravagante. El eslogan publicitario que lo identifica decía que “glorificaba a la chica americana”, lo que básicamente significaba que las cubría de purpurina y bisutería y las hacía desfilar como zombies por el escenario hasta que perdían toda apariencia de humanidad.

Un tópico manido del cine y el teatro de la época era el de los ricachones de mediana edad que compraban asientos de primera fila para disfrutar de la vista de sus coristas favoritas, a las cuales a su vez procuraban “comprar” con regalos y promesas a cambio de sus favores sexuales. Cuánto de este negocio de carne era tolerado o incluso alentado por Ziegfeld y demás empresarios de Broadway es imposible de saber, pero sencillo de imaginar. Apenas cuatro años después de la muerte del gran hombre, Hollywood homenajeó a quien claramente veía como uno de los suyos.

El gran Ziegfeld se estrenó en 1936, el año de la primera reelección de Franklin Roosevelt, quien ya había logrado convencer a sus conciudadanos de que lo único que debían temer era el propio miedo, pero aún no había logrado hacerles olvidar que eso que sentían en sus tripas era hambre, y que seguía sin haber suficiente trabajo para contentar a todo el mundo. ¿Qué sentía el público hambriento al ver estas extravagancias?

Bueno, que se sepa, les gustaba mucho. El gran Ziegfeld les permitía pasar tres horas perdidos en un mundo mágico donde no había colas para recibir sopa gratis ni disturbios frente a las oficinas de empleo. Quizá una dieta en historias más críticas con el mundo en que vivían hubiera acelerado las transformaciones de la sociedad y mejorado las condiciones de vida de tod@s, pero a veces el statu quo es demasiado fuerte, y al fin y al cabo, parafraseando lo que dijo la sindicalista Rose Schneiderman, “la trabajadora debe tener pan, pero también pasteles de boda gigante y ejércitos de chicas con lentejuelas y chicos con frac y sombrero de copa”.

 

 

 

Con la posible excepción de Cavalcade, The Life of Emile Zola, es la película más olvidada de todas estas primeras ganadoras del Oscar. Esto es así, supongo, porque su principal aliciente, la interpretación de Paul Muni, no tiene la tracción que solía. Muni es recordado por sus papeles en el Scarface original y otras películas de temática social producidas por la Warner. En su día era el modelo del actor camaleónico que desaparecía en sus personajes, como Robert de Niro en los 70 o Daniel Day Lewis en los 90. Como éste, en un momento dado se autoexilió del mundo del cine, aunque siguió trabajando en teatro con éxito hasta su muerte.The_Life_of_Emile_Zola_poster

Su papel en Zola es parte de una racha de biopics que protagonizó en esa década, uno de los cuales, el del doctor Pasteur, le consiguió un Oscar al mejor actor. Sin embargo, su estilo de interpretación hoy en día le hace parecer exagerado y poco natural, y con la excepción de Scarface, ninguna de sus películas ha envejecido bien. A pesar de lo jugoso de la historia, con su papel en la denuncia del escándalo Dreyfus que dejó al descubierto la podredumbre del ejército francés y la IIIª República, es lo que sucede con The Life of Emile Zola. La película era un intento de la Warner de lograr la respetabilidad con films “de calidad” sobre “temas serios”, ajenos al hecho de que las que han pasado a la historia como verdaderos clásicos son las películas de gangsters y presidiarios con las que el estudio llegaba a fin de mes. Ninguna de las cuales ganó un Oscar a la mejor película.

El olor a naftalina que rodea a la mayoría de estas películas podría confirmar lo dudoso de juzgar la calidad y permanencia de una película por los oscars que haya ganado. Quizá dentro de cincuenta años, si Donald Trump y el cambio climático no han convertido la Tierra en un decorado de Mad Max, los comentaristas hablen de las ganadoras del Oscar a mejor película de los 2010s y se cachondeen de nuestro pésimo gusto y nuestra ceguera. ¿Quién sabe? Tal vez llegue el día en que Casablanca deje de ser el patrón oro de la cinefilia y se la vea como una fantasía orientalista y misógina que trivializa la brutalidad de la segunda guerra mundial.

Tal vez. Pero al menos podrán criticarla porque habrá sobrevivido hasta entonces. 

El 75 por ciento de las películas en la era muda ha desaparecido. El 50 por ciento de las producidas entre 1927 y 50, posiblemente también. Una de cada dos películas de los primeros 20 años de la era sonora. No podemos contar con que, de cada par, la que haya sobrevivido sea la buena. Algunos de los clásicos que hoy reverencian los cinéfilos, como Qué bello es vivir, Ciudadano Kane o La fiera de mi niña, fueron fracasos de taquilla cuando se estrenaron, y su redescubrimiento se debió a factores diversos, entre ellos la popularidad continuada de quienes las realizaron. Otros títulos con repartos más oscuros no tuvieron esa suerte. ¿Quién sabe qué joyas de la era clásica de Hollywood se han perdido para siempre?

Marx_Brothers_1921
Foto publicitaria de Humor Risk (1921), una película perdida de los Hermanos Marx. Resulta extraño imaginar un film mudo de los Hermanos Marx. ¿Dónde estarían los chistes de Groucho? ¿El falso acento italiano de Chico? ¿El sonido de la bocina de Harpo? ¿El… bueno, el eso, lo que sea de Zeppo? Por otro lado, ¿quién no querría verlos en su mejor momento, jóvenes y llenos de energía anarco-cómica?

¿Sabéis qué películas no se han perdido? Lo habéis adivinado: las ganadoras del Oscar a la mejor película. Algunas han sobrevivido con el metraje mutilado, o sin escenas en technicolor que tenían en su estreno, pero a día de hoy, es posible encontrar en dvd o blu ray copias de todas y cada una de las películas que hemos comentado. Incluso un título tan soporífero como Cavalcade.

La lógica detrás de este esfuerzo es sin duda económica: Por la fecha en que fueron producidas ninguna ha caído todavía en el dominio público, y los estudios habrán visto una oportunidad clara para promocionarlas ante las nuevas generaciones de espectadores con el sello de calidad del Oscar de Hollywood. Los títulos pueden no sonar de nada, los actores y directores pueden haber sido olvidados, y las imágenes, aun restauradas, lucen en ese blanco y negro que los nuevos espectadores consideran poco menos que un insulto para sus retinas, pero pegar a la carátula la pegatina de “Ganadora del Oscar a la mejor película” sigue obrando la magia,

Y en este caso es  una cuestión de ser o no ser. “Nadie hablará de nosotras, tal vez, pero aún estamos aquí, y con suerte, quizá alguien nos vea”.


 

NOTAS

1 Sin novedad en el frente fue sustituida muchos años después por Senderos de gloria, basada en una novela casi contemporánea de la de Remarque, pero adaptada décadas después. Senderos de gloria era más militante puesto que no culpaba a la guerra en abstracto, sino a los generales que la conducían. Aquí, la elección de una historia francesa permite a los cineastas estadounidenses ser más críticos de lo que se habrían atrevido a ser de haber hablado del ejército norteamericano.

El siguiente icono antibélico del cine estadounidense es Apocalypse Now, y por fin la historia se cuenta desde el punto de vista propio. Ahora bien, se trataba de la única guerra impopular en Estados Unidos, y la fascinación de Coppola por la violencia que retrata le hace a uno pensar que, más que criticar la guerra, lo que está criticando es la guerra DE VIETNAM. Al contrario que el resto del mundo, Estados Unidos siguen teniendo una relación ambigua con la guerra, debido al nada insignificante detalle de que nunca han perdido una en su propio territorio. Una importante proporción de la población estadounidense sigue viendo la guerra como una opción viable a la hora de promover sus intereses. A menos que se desengañen de esa creencia, lo vamos a pasar muy mal tod@s.

2 Hola, corazones, ésta es la sección rosa de esta entrada del blog. En la versión de 1935 de Rebelión a bordo salía Movita, una actriz estadounidense de origen mexicano que hacía de una de las nativas tahitianas que enamoraban a los amotinados. Movita no tuvo una gran carrera en Hollywood, probablemente por el racismo rampante en la industria del cine. Sin embargo volvió a saltar a la fama al convertirse en la segunda esposa de Marlon Brando. Unos años más tarde éste protagonizó el desastroso remake de Rebelión a bordo, rodado en escenarios naturales de la Polinesia. Allí conoció a su tercera esposa, la actriz Tarita, que interpretaba a una de las nativas tahitianas que enamoraban a los amotinados. Si eso no es una vida que ha entrado en un bucle, yo no sé lo que es.

Tarita, al contrario que Movita, sí era de origen Polinesio.

Todas las imágenes han sido extraídas de la wikipedia, donde consta que están en dominio público por no haber renovado el copyright en algún momento. Por desgracia, los autores o autoras de estos preciosos pósters con influencias art decó raras veces eran acreditados. Los enlaces incrustados dirigen a vídeos subidos, hasta donde yo sé, legalmente a youtube por los dueños de los derechos, y los presento aquí a título ilustrativo.

 

 

Y si habéis seguido leyendo hasta aquí, os merecéis un easter egg como dios manda:

 

 

3 comentarios sobre “Nadie hablará de nosotras

  1. La versión de Cimarron no es tan sosa. Es verdad que de los westerns de él, tal vez sea el más flojo, pero aún así, no está mal. Vi trozos (y el final) del Cimarron clásico y es más melo que la de Mann, que tene algunas cosas majas, la verdad. Lo digo porque la revisé hará un año o así y no está mal (pero insisto, los buenos westerns de Mann son los que hizo con Jimmy y el de Henry o Gary).
    En el musical de Ziegfield (no sé si los actores beberían tanto como en la serie del hombre delgado) debió currar (aunque no aparece en créditos Busby Berkeley, que eral el Bob Fosse de los años 30; todas sus coreografías eran esos rollos caleidoscópicos o como se escriba… que eran muy “innovadores” para la época, pero que envejecieron enseguida). Recuerdo que en una entrevista con Donen, él decía que Gene y él trabajaron en una peli con Busby y lo consideraban un anticuado, un inútil.. y que con los Stanley se había dado cuenta de que el tipo había sido un verdadero innovador, un gran artista y coreógrafo, peeeero, que no lo supo ver en aquel momento (porque él y Gene tenían otras ideas respecto a cómo debían filmarse los musicales).
    Soy un fugitivo de Chain Gang (o como se diga) ha envejecido muy pero que muy bien. Una peli muy maja. Y el final, buenísimo.
    Me ha encantado la entrada, por cierto.

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    1. Muchas gracias. Por supuesto, siempre pondré la salvedad de que los juicios sobre las películas son según mi gusto personal e intransferible, y los gustos cambian. El otro día pillé Mi Tío de Tati, que en su día no me hizo ni fu ni fa, y me reí un montón con ella…
      Soy un fugitivo creo que me gustó, no me acuerdo mucho, pero sospecho que es más memorable que la de Zola …
      Yo también pensaba que Busby estaría metido en Ziegfeld, pero no he encontrado la referencia. Los coreógrafos acreditados son otros, y los números que veo en youtube son más estáticos que otras cosas que he visto de él, y no hay ninguno de sus planos cenitales marca de la casa. Si realmente trabajó en ésta como dices, lo ataron en corto.
      Aunque lo de la tarta de boda gigante le pega…

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