(Jones)

Golden Years small

“Voy a ser el primer David Bowie”

David Jones a Mick Rock, hacia 1973

David (Jones) deseaba ser una estrella desde su más tierna infancia, pero su olfato comercial era un desastre. Llegaba tarde a las modas y apostaba infaliblemente al caballo perdedor. Le dio al rock clásico cuando los Beatles ya habían cambiado la música pop. Intentó ser mod después de que los Who agotaran esa vena. Se las dio de Dylaniano para cuando ya ni el propio Dylan lo era.

En un esfuerzo por dar carpetazo a sus fracasos anteriores, David (Jones) se cambió el nombre y trató de dar un giro a su carrera. (Jones) era un compositor dotado y un magnífico cantante que mostró desde muy joven una facilidad para mezclar el pop con el drama, hasta el punto de que sus primeros representantes  dudaban entre orientar su carrera hacia las listas de éxitos o el teatro musical.

Esa confusión explica que el primer álbum de David (Jones) intentara hacer demasiadas cosas al mismo tiempo, y ninguna lo bastante bien como para llamar la atención de la crítica y el público. El cambio de nombre no sirvió de nada.

David_Bowie_(1967)
“No me creéis, pero voy a ser más famoso que Tom Jones…”

El propio (Jones) admitió a posteriori  que su forma de cantar estaba muy influida por Anthony Newley, un cantante popular en los 60. Aunque tuvo un par de números uno, Newley no era Tom Jones, la verdad. Por no ser, ni siquiera era Engelbert Humperdinck, el hombre que acabó con la racha de números 1 de todos los singles de los Beatles. Y sin embargo hacia 1970 David (Jones) se habría conformado con ser un Anthony Newley de segunda.

Porque a esas alturas (Jones), que ya había cumplido la avanzada edad de 23 años, estaba un poco desesperado. El periodista Dylan Jones (no es pariente) recoge en su libro sobre Bowie el testimonio de Simon Napier-Bell, un conocido productor y manager del Reino Unido, que afirma que hacia finales de los 60 una especie de representante le citó para una reunión en un piso del barrio londinense de Pimlico.

Al llegar allí se encontró con un jovencito de aire anodino  sentado en un rincón, y el susodicho representante, que le ofreció a bote pronto compartir las tareas de representación de David (Jones) por un porcentaje sustancial de sus ganancias más la posibilidad de follarse al representado. Napier-Bell cuenta que miró al muchacho, que al parecer no tenía nada que objetar al respecto, y básicamente salió corriendo de allí.

Los 60. Recordemos que Joe Orton, que murió asesinado a martillazos por su celoso amante, estuvo a punto de escribir una película de los Beatles. Lo sórdido y lo sublime a menudo iban de la mano.

 

The Man Who Tried Too Hard

No es tanto que la historia sea verdad, como que suena verosímil a esas alturas de la carrera de (Jones). Sea como fuese, el muchacho no tardó en cambiar de representante.

Las biografías de los grandes ídolos de la cultura pop suelen pecar de una sensación de “destino manifiesto”, de inevitabilidad en el curso de la vida de aquéllos. Las primeras señales de genio, el primer toque de atención a un público que no sale de su asombro; la consagración.

Lo sorprendente del caso de David (Jones) es lo poco inevitable que a posteriori resulta su éxito. Incluso uno de sus más cercanos colaboradores, el brillante productor Tony Visconti, fue incapaz de apreciar en toda su medida el talento que tenía ante sus ojos.

Resumo: Visconti conoció a (Jones) al poco de haber grabado ese primer disco con su nuevo nombre artístico. Le cayó bien, le pareció que tenía una buena voz y su disco tenía temas interesantes, aunque muy dispersos en estilo. A petición del propio artista accedió a producir su siguiente disco, pero no el primer single que pensaba extraer de ese álbum.

A Visconti “Space Oddity” le pareció una chorrada oportunista y se negó a producirlo. Tuvo que encargarse de ello Gus Dudgeon, futuro productor de Elton John. El single fue un éxito, el primero que había tenido nunca David (Jones). Uno pensaría que de puro alivio habría querido seguir colaborando con Dudgeon, pero no. A David le caía bien el estadounidense y se lo había pedido primero a él, así que un muy sorprendido Visconti se encargó del resto de las canciones del álbum. Visconti admite que más tarde prestó atención al tema y descubrió en él una metáfora de la alienación moderna que trascendía la conexión oportunista con la peli de Kubrick.

El éxito de “Space Oddity” fue el revulsivo que necesitaba David (Jones) como compositor. El siguiente disco, también producido por Visconti, dejaba atrás los titubeos de los dos primeros y mostraba al fin una personalidad diferenciada de sus contemporáneos. Tuvieron que pasar 15 años y un disco unplugged de Nirvana, pero al fin ha quedado demostrado que “The Man Who Sold the World” es un clásico del rock  al mismo nivel que “Space Oddity” o “Heroes”.

Entonces ocurrió algo curioso. Agobiado por el trabajo que se le acumulaba, Visconti pensó que debía elegir a qué artista de entre los que llamaban a su puerta debía apoyar a full como productor. Al final la elección estaba entre David (Jones) y Marc Bolan de T.Rex. Jones le parecía buena persona y ya había probado que podía ser muy leal cuando conectaba con una persona. Bolan era un artista con mucho talento y carisma, pero ya apuntaba maneras de egomaníaco y mal bicho. Era envidioso, trataba mal a la gente a su alrededor, pagaba una miseria a sus músicos incluso cuando empezó a ganar un dineral con sus discos. Se atribuía todo el crédito en las entrevistas, a pesar de la gran contribución que Visconti hizo al sonido de T.Rex. El americano no se lo tuvo que pensar demasiado.

Eligió a Marc Bolan.

Y así fue cómo Hunky Dory, Ziggy Stardust y Aladdin Sane, tres de las cumbres indiscutibles de la música rock,  fueron producidos por el menos glamuroso pero igualmente brillante Ken Scott.

Es fácil burlarse a toro pasado de la elección de Visconti, pero lo cierto es que, con la información de que disponía en su momento, tiene sentido. La de Bolan había sido una curva ascendente desde sus tiempos de duo hippy-folk con Steve Peregrin Took y parecía que T. Rex llegaría muy lejos. David (Jones) tenía a esas alturas el aura de alguien con demasiados arranques en falso. “Space Oddity” fue un éxito en las listas, pero el álbum que contenía la canción no. Ni el siguiente album. David (Jones) perfectamente podía haber engrosado las filas de los artistas que “casi, pero no”.

La única razón de que a día de hoy vosotr@s y yo sepamos quién fue David (Jones) fue lo que sucedió a continuación. Hay una famosa cita de Virginia Woolf que dice “en o hacia diciembre de 1910 el carácter de la humanidad cambió”.  (Personalmente siempre he asociado la cita con la llegada de viajeros del tiempo que provocó un impacto sobre las sociedades anquilosadas e imperialistas de la Belle Époque y culminó en las vanguardias artísticas, la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa y, en última instancia, el puñetero siglo XX en toda su gloria y horror. Pero ésa es otra historia). La frase es extrapolable a este caso:

En algún momento entre 1970 y 1972, y la horquilla es importante, porque francamente, cuanto más lees sobre esa época menos claro está el detonante; en algún momento, decía, David (Jones) cambió y se convirtió en David (Bowie).

Low ProfileSMALL

Fue un cambio radical, como cuando Clark Kent se metía en una cabina telefónica y salía convertido en Superman. Cuando ves las fotos de (Jones) durante su penoso ascenso hacia la fama y las comparas con las fotos de (Bowie) en plena incandescencia pop, lo único que comparten son la piel y los huesos. Se diría que son dos personas diferentes, gemelos separados al nacer. Un tercer hermano.

Sí, David (Jones) tenía un medio hermano, Terry. Mayor que él; bohemio, cool. Le descubrió los músicos de jazz guays, le llevó a los clubes donde iban los enrollados, los que sabían de qué iba la cosa. David era formalito, atildado. Un poco… soso. Su hermano era lo contrario. También tenía serios problemas mentales, que arrastró hasta su muerte en 1985.

A lo largo de su vida David (Jones) contó a mucha gente cómo en su familia había muchos casos de enfermedad mental, y que él mismo temía sufrirla en algún momento. Alguna de estas fuentes confirman el miedo que le daba esa posibilidad. Otras opinan que lo contaba para hacerse el interesante. Ambas cosas pueden ser verdad.

David (Bowie) tenía el cool de Terry, su tendencia a caminar por el filo de la navaja, siempre bordeando el desastre, y la monomanía de David por el éxito, la capacidad de trabajar siete días por semana su actuación, hasta que fuera perfecta. Tenía el talento musical y el punto de locura necesario para destacar en una escena musical cada vez más cínica e incapaz de impresionarse con nada.

Otros lo han dicho mejor que yo: no hay nada camaleónico en David (Bowie). Los camaleones se confunden con su entorno. En los 70, cada vez que cambiaba, (Bowie) destacaba como una gota de sangre en un suelo blanco inmaculado.

 

Durante su racha triunfal en los 70 Bowie siempre era el tipo más cool de la habitación allá donde se encontrase.  Convirtió a Brian Eno en el Robin de su Batman. Siempre envidió la ‘autenticidad’ rockera de Iggy Pop y Lou Reed, pero fue él quien salvó la vida a Iggy y le dio una carrera al enseñarle a proteger su voz con ese registro grave que ha cultivado desde The Idiot. En cuanto a Lou Reed, le dio el único gran éxito comercial de su carrera al sobreproducir Transformer, y por supuesto Reed nunca se lo perdonó. Colaboró en un disco con John Lennon y fue Lennon el que tuvo que defenderse ante quienes le acusaron de haberse “sometido” a Bowie. Igual que, según Frank Miller, Batman es “el puto Batman“, en los 70 Bowie era “el puto Bowie”. Hasta Radio Futura lo mencionan en la versión de T.Rex que grabaron en castellano.

Marc Bolan se tuvo que revolver en su tumba.

Station to Station SMALL

Pero…

Who Can I Be Now?

En 1982 David (Bowie) contactó con Nile Rodgers y le pidió que produjera su siguiente disco. De paso aprovechó para colocar en su sitio a Tony Visconti, que ya había reservado tiempo en su agenda para trabajar en ese disco. “Gracias, pero no gracias”.

(Bowie) le enseñó a Rodgers una foto de Little Richard vestido con un traje rojo, sentado en un Cadillac rojo, y le dijo: “quiero que el disco suene así”. Como declaración de intenciones es difícil de superar. Claro que está la historia del primer contacto de Rodgers con la música que debía producir.

(Bowie) se sentó frente a él con una guitarra de doce cuerdas (a Bowie le gustaba componer con esa guitarra que tenía desde los sesenta, al parecer), y procedió a interpretar una especie de balada folk escocesa que repetía una y otra vez “let’s dance, let’s dance!”.

En otra parte del mundo Michael Flatley, a la sazón girando con los Chieftains, concibió la primera semilla de su Lord of the Dance

Cuando Rodgers recuperó el habla le pidió a (Bowie) que parase inmediatamente. Alguna versión de la historia dice que le arrancó la guitarra de las manos y la estrelló contra el suelo, al estilo Pete Townshend. Quizá exageran. En todo caso, Nile Rodgers, quizá sudando y preguntándose si había entendido bien lo de Little Richard y el cadillac rojo, propuso que probaran con otro arreglo.

 

Cuando le preguntaban a David (Jones) cómo grabó Station To Station, él admitía que no se acordaba. En un programa de televisión le propusieron el reto de adivinar el título de canciones suyas tocando los acordes de inicio. Con “Rebel Rebel”, “5 Years” y “Station to Station” no tuvo muchos problemas, pero cuando el presentador le tarareó el memorable arranque de “Sense of Doubt“,  (Jones) no acertó ni el título ni el disco en el que salió. (“Low”, responde seguro de sí mismo, hasta que alguien entre el público le chiva: “Heroes!”)

Desde que su carrera despegó con la salida de Ziggy Stardust, (Jones) vivió en una nube de coca y alcohol y sexo que no se disipó hasta bien entrados los 80. (Supuestamente viajó a Berlín con Iggy para desintoxicarse. ¿En serio? ¿Berlín? ¿La capital de la heroína por entonces? ¿Con Iggy Pop de acompañante?)

A donde quiero ir a parar es que ser David (Bowie)  casi acabó con David (Jones). Nadie habría podido aguantar ese ritmo. Ser estrella de rock es una profesión de riesgo que suele acabar con uno muerto a los 27. La única forma de sobrevivir a esa tralla y llegar a viejo es DEJAR de ser estrella de rock. Entonces te conviertes en otra cosa. Puedes ser millonario aficionado al blues, como Mick Jagger y su colega Keith Richards, o multimillonario aficionado al pop como Paul McCartney. Con suerte, puedes seguir siendo relevante como músico profesional, como Elvis Costello.

Grande, Elvis Costello.

Bowie lo tuvo más fácil. Recordemos lo que decía Bill/Tarantino de Superman: Batman es la identidad de Secreta de Bruce Wayne, y Spiderman la de Peter Parker. Pero Superman es Superman. Clark Kent es la identidad secreta. El disfraz que se pone cuando quiere moverse de forma anónima entre los humanos. Si Superman se deshiciera de las gafitas y el traje de oficinista, Clark Kent desaparecería. Como si nunca hubiera existido.

En algún momento entre 1980 y 1984  (Bowie) desapareció y David volvió a ser (Jones). El momento exacto es discutido. Hay quien dice que el álbum Let’s Dance fue el último cartucho de (Bowie). Otros opinan que Scary Monsters fue la despedida, solo que nadie se dio cuenta. Tal vez ni siquiera él mismo. En cualquier caso, para cuando sacó Tonight, sus fans más acérrimos ya notaron que algo no iba bien. Y el irónicamente titulado Never Let Me Down fue la confirmación para todo el mundo. Bowie has left the building.

Sssh SMALL

Me and Mr. Jones

Perdonad si hablo de mí mismo aquí: Soy de ésos que han visto Just a Gigolo, que de tan mala el propio (Jones) describió como “toda la filmografía de Elvis concentrada en un solo film”. Fui al cine a ver Encadenadamente tuya, doblada, porque salía él haciendo de camarero inglés en Londres con el carisma de un perchero. El primer CD que tuve fue Heroes, y lo compré ANTES de tener reproductor de CDs. Tuve que esperar uno o dos años para poder escucharlo. He  comprado cuatro veces Ziggy Stardust en diferentes formatos, y ya estoy pensando en reponer mi CD de Station To Station, porque se acelera en “Word on a Wing”. Hasta tengo el jodido LP de Never Let Me Down. Y el single. Creo que me he ganado a pulso la condición de fan.

Y sin embargo, no puedo con la discografía de Bowie posterior a 1984. Sus discos me parecen los de un cantante extraordinario con temas interesantes, aunque muy dispersos en estilo. Exactamente lo que hacía antes de “Space Oddity”. Siempre hay alguna canción que engancha; las de cada uno variarán según los gustos, pero en las casi tres décadas que siguió sacando discos, no hay ningún album que causara el impacto de los de los años 70.

Con la posible excepción de Black Star, el álbum que editó tres días antes de morir. De él se dijo que era un retorno a la forma de sus mejores tiempos, el broche de oro para su carrera. Y es muy posible que lo sea. No lo sé, porque apenas lo he escuchado.

Recuerdo cuando murió John Lennon, en 1980, pero era un crío y a esa edad todavía te cuesta procesar lo que significa la muerte. Recuerdo la muerte de Hergé en 1983 y la de Robert Graves en 1985. Aquel mismo años recorté en El País la noticia de la muerte de Orson Welles. Compartió artículo con Yul Brynner, que murió el mismo día. Recuerdo a un amigo cogiendo el periódico un domingo por la mañana y al poco exclamar:  “¡Se ha muerto River Phoenix!” No éramos fans, pero nos chocó porque tenía nuestra edad. Recuerdo, por fin, la muerte de Kurt Cobain. Lo vi en las noticias de madrugada, cuando mis padres ya estaban en la cama. Al día siguiente yo bajaba caminando de la uni y adelanté a  un grupo de estudiantes que iban riéndose de algo, y de repente uno me miró y se volvió a sus colegas y dijo: “se ha muerto Kurt Cobain”.

Creo que mis pintas grunge le recordaron la noticia. En ese momento recuerdo sentir que había muerto “uno de nosotros”, por lo joven que era él, aunque yo no era un fan de Nirvana y no me dio más pena que la muerte de otros artistas famosos.

Death and Transfiguration

Con (Bowie) fue distinto. Creo que es la única vez en mi vida que he hecho duelo por alguien a quien no conocía. La noticia de su muerte me dejó tan impactado que fui incapaz de escuchar el nuevo disco. El mes que siguió lo pasé aturdido. Ni siquiera recuerdo si escuché sus temas antiguos. Creo que no. Demasiado pronto.

Por supuesto, el duelo era por David (Jones), porque lo que vengo a decir con todo este rollo es que (Bowie) nos había dejado ya muchos años antes. A veces volvía un ratito, como cuenta Caitlin Moran que hizo en Glastonbury en el año 2000, el último gran concierto de su vida.

Según ella, el artista salió y su primera canción resultó un poco telegrafiada, como si no tuviera muchas ganas de estar allí, después de todo. (Quizá recordaba lo que dijo años atrás sobre su “fase Phil Collins”, cuando actuando en un estadio miró al público y pensó que tenían la pinta de gente que iría a ver a Phil Collins. “¿Qué hacen aquí?” dijo que pensó. “Un momento, ¿qué hago YO aquí??”, continuó.) Pero al acabar la canción se dirigió al público, “Hace mucho que no venía por aquí, estuve en los 70, blabla”, y de repente las luces de público se encendieron y él pudo ver la llanura frente al escenario petada de gente. Unas 250.000 personas.

Bowie
Bowie en directo en 2003, durante su última gira antes de su retirada por razones de salud.

Y dice Moran que algo debió de hacer click en su cabeza, porque su actitud cambió al instante. Apretó el interruptor del carisma, algo que una y otra vez la gente que le conoció repite que él era capaz de hacer a voluntad, se encendieron dos foquitos detrás de sus ojos, y lo que podía haber sido el típico concierto de megafestival se convirtió en una de las grandes actuaciones de la historia de Glastonbury.

Durante dos horas, (Bowie) volvió a la vida. Y luego se marchó otra vez.

Hace un par de meses encontré un artículo en el Guardian sobre las 50 mejores canciones de Bowie. Incluía una lista de Spotify, y me puse a escucharla. Fue como volver a ver fotos de un ser querido que ya no está, una mezcla de placer y tristeza. Me recordó lo buenas que son algunas canciones a las que no había hecho mucho caso. Desde entonces, he empezado a escuchar otra vez sus álbumes.

Quién sabe, quizá hasta acabe escuchando Black Star.

 

NOTAS:

1Las fotos con el material de Bowie las he tomado en mi casa. Los derechos de imagen corresponden a l@s herederos de Bowie y las diferentes compañías que han publicado esos productos. Las presento aquí a título ilustrativo.

Las fotos de Bowie están sacadas de Wikipedia, donde constan como sujetas a licencias creative commons o libres de derechos. La del joven (Jones) apareció en la revista Billboard el 30 de septiembre de 1967. (Jones) tendría unos veinte años. No consta el autor.

La foto de (Bowie) en directo fue tomada el 23 de noviembre de 2003. El fotógrafo es Roger Woolman.

Los enlaces a vídeos de youtube figuran aquí a título ilustrativo. Siempre que puedo procuro enlazar a cuentas oficiales que presumiblemente tienen los permisos de reproducción en regla.

2 La información sobre la carrera de Bowie la he ido reuniendo leyendo libros sobre él a lo largo de los años. La anécdota de Simon Napier-Bell aparece en David Bowie. A Life de Dylan Jones, una excelente biografía oral construida a partir de los testimonios de un centenar de amigos y colaboradores de Bowie. (Antes, cuando mencionaba libros, solía crear enlaces a Amazon. Ya no.)

Los detalles sobre los ires y venires de Tony Visconti en su relación con Bowie los encontré en su autobiografía (co-escrita con Richard Havers) Bowie, Bolan and the Brooklyn Boy, publicada unos años antes de la muerte del segundo. Visconti produjo los dos últimos álbumes de Bowie, lo que confirma la primera impresión que tuvo el productor sobre lo leal que (Jones) podía llegar a ser con quien le gustaba.

La historia de Nile Rodgers y su reacción a los nuevos temas de Bowie la saqué (con alguna exageración, quizá) de una entrevista que escuché en la NPR norteamericana. Podéis recuperarla AQUÍ.

La anécdota de Caitlin Moran sobre Glastonbury figura en el texto de la artista publicado en el librito que viene con la edición en CD y vídeo del famoso concierto, 16 años después de su grabación. David (Jones) hizo un excelente trabajo cuidando del legado de (Bowie), y es de esperar que en los próximos años sigan apareciendo numerosas joyas en directo de su carrera, que en su momento guardó en un cajón y no dejó que nadie escuchara.

La escena de Mauvais Sang   con Denis Lavant corriendo es para mi gusto el mejor uso de una canción de (Bowie) en el cine, con permiso de Wes Anderson.

Un comentario sobre “(Jones)

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